“Un olmo, tres olivos, un granado y el sol del membrillo”
A CASA. Jardín. “Un olmo, tres olivos, un granado y el sol del membrillo” Cuando José Saramago llegó a su casa de Lanzarote, el suelo del jardín era un erial, pero con agua, tierra traída en camiones para ayudar la secura de lo que parecía piedra, mucho mimo y constancia, fueron creciendo los árboles que se iban plantando. Sin demasiado criterio al principio, dejándose llevar por emociones, palmeras, porque son de aquí, pinos canarios, un granado de Granada, dos membrilleros: uno como homenaje a Antonio López, que trató de atrapar la luz sobre un membrillo; otro para Víctor Erice, que filmó la imposibilidad del proyecto en una película que Saramago colocó entre sus preferidas: El sol del membrillo. Luego se plantaría un olmo, en homenaje al sobrino Olmo que nació en Lanzarote; un alcornoque, semilla que Saramago colocó en una maceta y creció tanto que enseguida hubo que trasplantar al jardín y hoy es un árbol que hace sombra a los demás, y, sobre todo, los olivos, dos olivos port...