REPOMPEAO
José Alberto, mi amigo de Cádiz, el mejor amigo que tengo, me ha llamado esta tarde, como hace a diario, para darme el aliento y afecto, que solamente un buen amigo es capaz de dar, generoso, sin pedir nada a cambio, ni premio, regalo u obsequio, que recibir. Ojalá fuera posible clonar y terner a docenas los buenos amigos, los que son reales y fieles, los que ofertan un afecto sincero sin más, como me ocurre a mí, por fortuna, con mi gaditano y salado amigo José Alberto. Me dice, con la gracia de siempre, al contarle que me encuentro tumbado, a todo lo largo que doy, en un cómodo y mullido tresillo, que estoy como vaca sin cencerro y consumo mi tiempo repompeao y prisionero de mi naranja, cómodo y moderno sillón.