Ya, ya sé que estoy bastante pesado con Miguel Poveda, no puedo evitarlo, me vuelve loco y me siento tan orgullo de que seamos buenos amigos, de los de verdad, que no me canso de mostrar a cada rato la felicidad y el honor que ello supone. Esta es una de mis canciones preferidas, no me canso de escucharla una y otra vez. Y como soy un hombre con suerte, a final de este mes, me marcho a Huelva para asistir a un concierto suyo. No todo van a ser tribulaciones, malos rollos y contratiempos, también hay tiempo para disfrutar de los amigos y, en el caso de Miguel, de su afecto, de su talento, su arte y de su prodigiosa voz. Mucho han cambiado las cosas desde que pasé algunos días, en varias ocasiones, en su casa de la calle de la Boquería o en la de la Gran Vía y de sus conciertos aquí y allá. Ya se advertía entonces que su genio era tal, que llegaría dónde se propusiera y, desde luego, ha llegado, sin discusión, a lo más alto, sin dejar por el camino su sencillez, humildad, c...