miércoles, 1 de mayo de 2019

H.P.



El domingo me topé con la abogada, tan leída y letrada, tan estirada, tan educada, pero que te dice hijo de  puta en tu cara sin perder esa sonrisa impostada.


Se la tenía guardada, porque mi madre no es puta, ni merece ser insultada.


Y es que la educación no se tiene por la carrera estudiada, ni por estar colegiada.


Sobre mí di lo que gustes con esa lengua afilada, pero no te metas con mi madre que saldrás escaldada.