martes, 9 de octubre de 2012

PELILLOS A LA MAR.













En las fiestas, en más de una ocasión, unas copillas de sobra traen consigo algún agarrón.


Nada que no se deba disculpar cuando los protagonistas no tenían mala intención y el culpable es el vino o el garrafón.


Más de cuatro saben a qué me refiero y a qué discusión, sin más explicación, hago mención.


Lo mejor es disculparse sin esperar mucho o tardar y echar pelillos a la mar. 


Todos hemos escuchado o utilizado en alguna ocasión la expresión "Pelillos a la mar" en las situaciones en las que tenemos que reconciliarnos con alguna persona después de una disputa o riña.

Para conocer el origen de esta expresión hay que remontarse al siglo XVI, y si tenemos que buscar el lugar, hay que ir hasta la ciudad andaluza de Málaga, lugar donde había un hombre que siempre iba a cortarse el pelo al mismo barbero. Acción que repitió durante años hasta el día en el que el peluquero y barbero decidió dar el salto y emigrar a América.

El hombre, al ver que ya no podría volver a cortarse el pelo llevo su enfado al extremo de retirar el saludo al que había sido su barbero durante gran parte de su vida, al que consideraba no solo peluquero, sino amigo. 

Al cortador de pelo no le gusto aquello, y trató de arreglar en lo posible la situación enviando a su cliente a un nuevo peluquero. Aquello no sirvió, el despechado cliente jamás consiguió ver en el nuevo peluquero al anterior y dejo de ir.

El problema fue entonces para el nuevo peluquero. Resultó que como no consiguió llevarse bien con el nuevo cliente empezó a perder incluso a los que cortaba el pelo antes porque el "despechado" comenzó a hacerle publicidad en contra diciendo que el barbero guardaba el pelo cortado y con el hacía brujería a todos los que no pagaban a tiempo.

El peluquero acabo cerrando el negocio al quedarse sin clientes y a la ver reto al hombre que tanto daño le había hecho a batirse en duelo. Eligio para el duelo como arma el florete.

En el duelo el cliente, que casi murió, se dio cuenta del mal que había hecho y pidió perdón al barbero. Aquello le unió tanto que tomaron la decisión de ir a las Américas llevándose todo el pelo almacenado para poder tirarlo en la travesía como símbolo del comienzo de una nueva vida.